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Oficinas de Pantaenius

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¿Qué es ese olor?

Un cliente de Pantaenius estaba sentado a bordo de su embarcación con flybridge amarrada en el puerto deportivo. Estaba sentado fuera, en la popa, con la puerta de la cabina cerrada, ya que la noche había sido un poco húmeda. Aún había algo de niebla durante la alborada, pero se esperaba un día soleado. Lo que sigue es su relato de una espeluznante serie de acaecimientos.

El olor a tocino invadió el muelle, ¡todo estaba en perfecto estado! la primavera ya estaba avanzada y la cubierta había sido calentada con sus soleados días, el barco estaba listo para afrontar la próxima temporada.

Un rato después noté un ligero olor a quemado, similar al de un pulidor afanado en su tarea, pero por lo que pude constatar no se estaba llevando a cabo ningún trabajo en las proximidades, ¡y mi desayuno hacía tiempo que había pasado! Hice un chequeo mental de los dispositivos eléctricos que pudieran estar conectados. En el salón, no; en la cocina, no; en el puente, no; camarote de estribor, ¡sí! Tenía un deshumidificador conectado en el camarote doble de estribor, pero este había sido movido a su posición normal de "cuando estoy a bordo" entre las dos literas, y estaba situado en medio de las literas individuales.

Nuestra práctica habitual cuando el barco está desatendido es situar el deshumidificador en la cocina con un drenaje de agua en el fregadero de la cocina. Una vez a bordo, se traslada a la cabina de estribor y se vacía cuando es necesario, manteniendo así una atmósfera seca a bordo. La puerta del camarote se cierra generalmente cuando el salón está abierto y se deja entreabierta por la noche.
 
¡La nariz lo sabe!

Recuerdo que entré en el camarote de estribor el día anterior para vaciar el depósito de agua, y todo estaba bien, así que seguramente esa no debería ser la fuente del olor, ¿seguro?, el olor a quemado se hizo cada vez más intenso y, naturalmente en ese momento me estaba alarmando cada vez más. Más aún, ya que no podía confirmar que la fuente del olor proviniese de un tercero.

Por lo tanto, se hizo evidente que el olor a quemado podría en efecto venir del interior de mi barco. Abrí la puerta de la cabina. Había una ligera humareda. Al entrar en la cocina el humo se hizo más denso y el olor aún más fuerte. Para mi horror un humo espeso perfilaba la puerta de la cabina de estribor. Cogí el extintor de la cocina. La visibilidad era muy pobre, por lo que tuve que quitar el pasador de seguridad del extintor a tientas.

Abrí la puerta del camarote temiéndome lo que encontraría, apunté con extintor y cuando apreté el gatillo - no pasó nada - volví a apretarlo - y nada. Para entonces, el denso humo dificultaba la respiración, tosía constantemente y me dolían los ojos, haciendo casi imposible ver algo. Rápidamente cerré la puerta de la cabina. ¿Qué hago ahora? Me dirigí al puente, y según avanzaba miré el extintor. Pude comprobar que faltaba el gatillo de la parte superior de la unidad junto con el pasador de seguridad. ¡No me extraña que no funcionara!

Varias ideas pasaron por mi mente. ¿Intentaré atacar el incendio de nuevo, y esta vez quizás usando la manguera del muelle? Sin embargo, de inmediato dejé de lado esa idea ya que el agua y la electricidad no se deben mezclar, me llevaría demasiado tiempo y haber abierto la puerta del camarote durante el primer intento fallido sólo había empeorado la situación
 

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Pelea o retirada

Grité pidiendo ayuda, la adrenalina había inundado todo mi cuerpo, decidí intentar conseguir un segundo extintor que se encontraba estibado en la cabina de proa. El humo era aún más pesado y tuve que arrastrarme hasta allí a cuatro patas. Conseguí alcanzar el extintor y me aseguré esta vez de quitar el pasador donde pudiera verlo.

Aún sobre mis manos y rodillas alcancé y abrí la puerta del camarote de estribor. Descargué el contenido del extintor apuntando a la base de las llamas, lo que me permitió ver vagamente a través del humo. Una vez descargado el extintor, cerré rápidamente la puerta del camarote y decidí que era hora de abandonar el barco. Realmente se me pasó por la cabeza que esto había sido todo, que iba a perder el barco, que las llamas serían enormes y que no tenía ni idea de si mi segundo intento de hacer frente al incendio habría servido para algo. Un denso humo negro salía de la cabina mientras yo estaba temblando en el muelle.

Con cierto alivio, pude ver a otros armadores y a varios trabajadores corriendo hacia donde me encontraba, así como al personal de servicio de la marina, y todos iban armados con extintores listos para ayudar.

Tenía miedo de no haber apagado completamente el fuego, pero sabía que era momento de esperar y ver. El alivio vino cuando después de varios minutos de gran ansiedad, no hubo más llamas que vinieran del puente o de la cubierta de proa. Había tenido éxito. Pronto pudimos volver a embarcar y revisar la cabina, donde yo no había nuevos focos de humo, sin duda una señal positiva. El incendio estaba apagado. Todo lo que quedaba eran los restos de un deshumidificador derretido. Claramente este fue el origen del incendio. ¡Qué desastre!

Una inspección más detallada me permitió encontrar el gatillo del extintor que nunca expulso su contenido, junto con dos pasadores de seguridad. Con las prisas propias del momento, obviamente, había tirado del gatillo del primer extintor al querer quitar el pasador de seguridad, y debido al humo tan denso no me había dado cuenta. Un fallo en el diseño del extintor, eso es seguro.
Mientras escrutaba el daño causado por el incendio, me embargó un gran alivio. Las cosas podrían haber sido muy diferentes. ¿Y si el incendio hubiera ocurrido unas horas antes? ¿Y si la puerta de la cabina hubiera estado abierta? ¿Y si...? Cualquiera de estas posibilidades podría haber resultado en que yo no estuviera aquí para contar mi historia. Tuve suerte, pero lamentablemente mi barco, no.
 
Caballero blanco.

Llamé a Pantaenius. Hablando con uno de los empleados, le transmití los detalles del incidente. Todavía me encontraba en shock. Pantaenius me dio consuelo y tranquilidad, diciéndome que mi seguridad era lo principal y que aunque había tomado la decisión de combatir el incendio, nunca habrían esperado que me pusiese en peligro por hacerlo.

No tenía ni la menor idea de los costes que implicarían la reparación de los daños o si incluso superarían mi franquicia. Imagínese mi alivio cuando me dijeron que como era una reclamación por incendio NO se aplicaba la franquicia, ni tampoco me exigieron hacer un peritaje. Su primera instrucción fue encargar una limpieza profesional completa del interior lo antes posible. Su mensaje fue claro. Cuanto antes empezaran los trabajos, antes podría volver a navegar.
Es bueno saber que mientras tomaba la decisión de combatir el incendio, Pantaenius estaba convencido de que mi seguridad era primordial. Su apoyo y consejo a lo largo de este tiempo tan traumático ha sido inestimable.

Descubrí poco después que si el siniestro hubiera sido una pérdida total, Pantaenius habría pagado el valor fijo acordado sin depreciaciones y sin la aplicación de una franquicia. ¡Muy tranquilizador!
 
Aprendizaje.

1.    Cambiar el tipo de deshumidificador de compresor a desecante
2.    Instalar la alarma de humos
3.    Poner una manta contra incendios
4.    Seleccionen sus extintores y su colocación con mucho cuidado. Siga las recomendaciones de los astilleros y las disposiciones en materia de lucha contra incendios que establecen los diferentes países de bandera y en caso de duda pida asesoramiento a un profesional.
Me considero muy afortunado. Si no quiere confiarlo todo a la suerte, considere revisar el equipo contra incendios que tiene en su embarcación.   
      
 
Texto revisado y adaptado por John Curnow.
Texto y fotos originales de un cliente de Pantaenius.

 

¿Qué es ese olor?

Un cliente de Pantaenius estaba sentado a bordo de su embarcación con flybridge amarrada en el puerto deportivo. Estaba sentado fuera, en la popa, con la puerta de la cabina cerrada, ya que la noche había sido un poco húmeda. Aún había algo de niebla durante la alborada, pero se esperaba un día soleado. Lo que sigue es su relato de una espeluznante serie de acaecimientos.

El olor a tocino invadió el muelle, ¡todo estaba en perfecto estado! la primavera ya estaba avanzada y la cubierta había sido calentada con sus soleados días, el barco estaba listo para afrontar la próxima temporada.

Un rato después noté un ligero olor a quemado, similar al de un pulidor afanado en su tarea, pero por lo que pude constatar no se estaba llevando a cabo ningún trabajo en las proximidades, ¡y mi desayuno hacía tiempo que había pasado! Hice un chequeo mental de los dispositivos eléctricos que pudieran estar conectados. En el salón, no; en la cocina, no; en el puente, no; camarote de estribor, ¡sí! Tenía un deshumidificador conectado en el camarote doble de estribor, pero este había sido movido a su posición normal de "cuando estoy a bordo" entre las dos literas, y estaba situado en medio de las literas individuales.

Nuestra práctica habitual cuando el barco está desatendido es situar el deshumidificador en la cocina con un drenaje de agua en el fregadero de la cocina. Una vez a bordo, se traslada a la cabina de estribor y se vacía cuando es necesario, manteniendo así una atmósfera seca a bordo. La puerta del camarote se cierra generalmente cuando el salón está abierto y se deja entreabierta por la noche.
 
¡La nariz lo sabe!

Recuerdo que entré en el camarote de estribor el día anterior para vaciar el depósito de agua, y todo estaba bien, así que seguramente esa no debería ser la fuente del olor, ¿seguro?, el olor a quemado se hizo cada vez más intenso y, naturalmente en ese momento me estaba alarmando cada vez más. Más aún, ya que no podía confirmar que la fuente del olor proviniese de un tercero.

Por lo tanto, se hizo evidente que el olor a quemado podría en efecto venir del interior de mi barco. Abrí la puerta de la cabina. Había una ligera humareda. Al entrar en la cocina el humo se hizo más denso y el olor aún más fuerte. Para mi horror un humo espeso perfilaba la puerta de la cabina de estribor. Cogí el extintor de la cocina. La visibilidad era muy pobre, por lo que tuve que quitar el pasador de seguridad del extintor a tientas.

Abrí la puerta del camarote temiéndome lo que encontraría, apunté con extintor y cuando apreté el gatillo - no pasó nada - volví a apretarlo - y nada. Para entonces, el denso humo dificultaba la respiración, tosía constantemente y me dolían los ojos, haciendo casi imposible ver algo. Rápidamente cerré la puerta de la cabina. ¿Qué hago ahora? Me dirigí al puente, y según avanzaba miré el extintor. Pude comprobar que faltaba el gatillo de la parte superior de la unidad junto con el pasador de seguridad. ¡No me extraña que no funcionara!

Varias ideas pasaron por mi mente. ¿Intentaré atacar el incendio de nuevo, y esta vez quizás usando la manguera del muelle? Sin embargo, de inmediato dejé de lado esa idea ya que el agua y la electricidad no se deben mezclar, me llevaría demasiado tiempo y haber abierto la puerta del camarote durante el primer intento fallido sólo había empeorado la situación
 

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Pelea o retirada

Grité pidiendo ayuda, la adrenalina había inundado todo mi cuerpo, decidí intentar conseguir un segundo extintor que se encontraba estibado en la cabina de proa. El humo era aún más pesado y tuve que arrastrarme hasta allí a cuatro patas. Conseguí alcanzar el extintor y me aseguré esta vez de quitar el pasador donde pudiera verlo.

Aún sobre mis manos y rodillas alcancé y abrí la puerta del camarote de estribor. Descargué el contenido del extintor apuntando a la base de las llamas, lo que me permitió ver vagamente a través del humo. Una vez descargado el extintor, cerré rápidamente la puerta del camarote y decidí que era hora de abandonar el barco. Realmente se me pasó por la cabeza que esto había sido todo, que iba a perder el barco, que las llamas serían enormes y que no tenía ni idea de si mi segundo intento de hacer frente al incendio habría servido para algo. Un denso humo negro salía de la cabina mientras yo estaba temblando en el muelle.

Con cierto alivio, pude ver a otros armadores y a varios trabajadores corriendo hacia donde me encontraba, así como al personal de servicio de la marina, y todos iban armados con extintores listos para ayudar.

Tenía miedo de no haber apagado completamente el fuego, pero sabía que era momento de esperar y ver. El alivio vino cuando después de varios minutos de gran ansiedad, no hubo más llamas que vinieran del puente o de la cubierta de proa. Había tenido éxito. Pronto pudimos volver a embarcar y revisar la cabina, donde yo no había nuevos focos de humo, sin duda una señal positiva. El incendio estaba apagado. Todo lo que quedaba eran los restos de un deshumidificador derretido. Claramente este fue el origen del incendio. ¡Qué desastre!

Una inspección más detallada me permitió encontrar el gatillo del extintor que nunca expulso su contenido, junto con dos pasadores de seguridad. Con las prisas propias del momento, obviamente, había tirado del gatillo del primer extintor al querer quitar el pasador de seguridad, y debido al humo tan denso no me había dado cuenta. Un fallo en el diseño del extintor, eso es seguro.
Mientras escrutaba el daño causado por el incendio, me embargó un gran alivio. Las cosas podrían haber sido muy diferentes. ¿Y si el incendio hubiera ocurrido unas horas antes? ¿Y si la puerta de la cabina hubiera estado abierta? ¿Y si...? Cualquiera de estas posibilidades podría haber resultado en que yo no estuviera aquí para contar mi historia. Tuve suerte, pero lamentablemente mi barco, no.
 
Caballero blanco.

Llamé a Pantaenius. Hablando con uno de los empleados, le transmití los detalles del incidente. Todavía me encontraba en shock. Pantaenius me dio consuelo y tranquilidad, diciéndome que mi seguridad era lo principal y que aunque había tomado la decisión de combatir el incendio, nunca habrían esperado que me pusiese en peligro por hacerlo.

No tenía ni la menor idea de los costes que implicarían la reparación de los daños o si incluso superarían mi franquicia. Imagínese mi alivio cuando me dijeron que como era una reclamación por incendio NO se aplicaba la franquicia, ni tampoco me exigieron hacer un peritaje. Su primera instrucción fue encargar una limpieza profesional completa del interior lo antes posible. Su mensaje fue claro. Cuanto antes empezaran los trabajos, antes podría volver a navegar.
Es bueno saber que mientras tomaba la decisión de combatir el incendio, Pantaenius estaba convencido de que mi seguridad era primordial. Su apoyo y consejo a lo largo de este tiempo tan traumático ha sido inestimable.

Descubrí poco después que si el siniestro hubiera sido una pérdida total, Pantaenius habría pagado el valor fijo acordado sin depreciaciones y sin la aplicación de una franquicia. ¡Muy tranquilizador!
 
Aprendizaje.

1.    Cambiar el tipo de deshumidificador de compresor a desecante
2.    Instalar la alarma de humos
3.    Poner una manta contra incendios
4.    Seleccionen sus extintores y su colocación con mucho cuidado. Siga las recomendaciones de los astilleros y las disposiciones en materia de lucha contra incendios que establecen los diferentes países de bandera y en caso de duda pida asesoramiento a un profesional.
Me considero muy afortunado. Si no quiere confiarlo todo a la suerte, considere revisar el equipo contra incendios que tiene en su embarcación.   
      
 
Texto revisado y adaptado por John Curnow.
Texto y fotos originales de un cliente de Pantaenius.

 

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